
Antes de empezar el camino, podría pensarse que se trataba de inseguridad, pero pronto tomé conciencia de que la respuesta era la contraria. Era la seguridad —en positivo— de que no es posible confiar plenamente ni en el propio instinto ni en los amigos o colegas, por cultos que sean. Tampoco basta con lo aprendido leyendo a Howard Mittelmark en Cómo NO escribir una novela, pues es necesario conocer lo que los franceses llaman los tours de main, es decir, los intríngulis del oficio. Algo que solo pueden transmitir los profesionales con muchos años de experiencia. Si es que puede decirse que escribir es una profesión, cosa que pongo en duda. Más bien es, nada más y nada menos, una pasión.
Publica con éxito me ha aportado una ayuda esencial. Me ha permitido afilar las herramientas que necesita un narrador de ficción, que varían en función de cada caso y de cada temática. No pueden emplearse los mismos recursos en un relato histórico, romántico, de aventuras, de espionaje o de suspense. La técnica es distinta en cada uno: el ritmo, las pausas, las descripciones o el tratamiento del entorno. En pocas palabras, eso es precisamente lo que me ha revelado y ofrecido el programa.
Me he preguntado si ahora siento más ilusión, pero no es exactamente eso. Diría, más bien, que me encuentro expectante ante una nueva experiencia que augura, quizá, nuevos caminos. En cualquier caso, creo disponer ahora de recursos técnicos de los que antes carecía. Me considero un aprendiz: ya no soy un novato en el oficio, y esa sensación, debo decirlo, resulta muy satisfactoria.